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domingo, 11 de julio de 2010

CONTRIBUYE UNAM A REHABILITACIÓN DE MUJERES EN SANTA MARTHA ACATITLA

El Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la UNAM, cuenta con una línea de investigación en arte, justicia y cultura, en el que se combinan procesos de formación en litigios con educación estratégico-jurídica, que incluye formas de concientización, capacitación y sensibilización.
La intención es crear procesos académicos que retomen o apliquen las leyes; además, se busca la sensibilización, transformación y reinserción de las internas a partir del arte y la literatura, en vinculación con la justicia, explicó la directora del PUEG, Marisa Belausteguigoitia Rius.
Por seis meses, esta instancia universitaria realizó talleres para las reclusas, muchas de ellas, sin procesos legales transparentes y erróneamente acusadas.
Todo inició cuando, por invitación de Antonio Cíntora, un educador popular, el PUEG entró a la prisión de Santa Martha Acatitla para pintar un mural y llenarla de colores e historias visuales que refirieran las experiencias de las reclusas, relató.
El taller particular consistió en pintar un mural en una rampa de caracol –ubicada en el patio central–, que tiene un significado especial para las presas, pues por ahí descienden sus familiares, amigos y todas las personas queridas que las visitan, y por ahí mismo ellas suben cuando salen libres. Los Caracoles de Santa Martha constituyen un proyecto de autonomía narrativa y visual, sostuvo.
El taller de preparación del mural consistió en analizar obras de Frida Kahlo, Gloria Anzaldúa y Rosario Castellanos; además, las internas escribieron cartas a funcionarios públicos, donde explicaron el significado de estar en la cárcel.
Con respecto a las sentencias, Belausteguigoitia Rius resaltó que para la mayoría de los jueces una mujer debe ser quien brinde cariño y protección; entonces, cometer un crimen se percibe como algo contrario a su naturaleza y, por ello, las condenas por un mismo delito frecuentemente son superiores a las de los varones.
Se dice que un número considerable de presas están en esa situación por “pagadoras”; es decir, están pagando por las culpas del hijo, del marido o del hermano. Eso significa que ellas no han cometido el delito central, son `cómplices´, a veces inconscientes, de lo que otros hacen, acotó.
“Ellas hacen muchas cosas por mantener unida a su familia, y desde la cárcel siguen siendo proveedoras y resuelven problemas de sus parientes, sin recibir reconocimiento alguno”, concluyó.


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