EL CAPITALINO

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jueves, 1 de julio de 2010

CON EL 10 POR CIENTO DEL GASTO BÉLICO MUNDIAL SE SATISFARÍAN LAS NECESIDADES BÁSICAS DE LOS HABITANTES DE LA TIERRA

Un billón de dólares es el gasto anual en los rubros militar y de comercio de armas a nivel mundial, mientras que con sólo 19 mil millones de dólares podrían eliminarse el hambre y la desnutrición en el orbe, esto señala la exposición De una cultura de la violencia a una cultura de la paz organizada en el marco del Seminario Ikeda: por la paz, la sustentabilidad y los derechos humanos.
La muestra –ubicada en la galería de la biblioteca de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)– también refiere que con 12 mil millones de dólares se ofrecería enseñanza a todos los niños del orbe, y con menos de 10 por ciento del gasto bélico se satisfarían las necesidades básicas de los habitantes de la Tierra.
Dicha exposición afirma que en la cúspide de la pirámide de la violencia que aqueja al mundo se encuentran las armas nucleares y que uno de los mayores desafíos de la humanidad es superar la cultura de la violencia, detener la carrera armamentista y eliminar para siempre las más terribles armas de la historia.
El Seminario retoma el nombre de Daisaku Ikeda, filósofo budista de reconocimiento internacional y presidente de la asociación Soka Gakkai International SGI), quien considera que “la única manera de superar el problema de las armas nucleares será el esfuerzo solidario que realicen los ciudadanos comunes para inaugurar, con la energía impulsora de la esperanza, una nueva era en la historia de la humanidad”.
El doctor Eduardo Torres Maldonado, investigador del Departamento de Derecho y coordinador general del encuentro, indicó que urge reconstruir viejos paradigmas e inventar nuevos para lograr “desenredar las madejas caóticas del siglo XXI y salir de los viejos laberintos oscuros que han generado una civilización violenta, depredadora, autoritaria, corrupta e innoble con el planeta y sus seres vivos”.
El profesor de la Unidad Azcapotzalco propuso que desde el seno de las universidades, los centros de investigación y cultura, así como de los espacios ciudadanos, emerjan estudios y propuestas constructivas que velen por los valores y bienes trascendentes de la sociedad.
La ciencia –puntualizó– tiene un compromiso histórico con la verdad y el bienestar de la humanidad, que no puede soslayarse, e invitó a la comunidad académica a adoptar una filosofía de la ciencia con conciencia humanista.
Torres Maldonado aseveró que el desarrollo económico sustentable, democrático, integral e incluyente es el mejor camino para resolver la crisis que hoy envuelve al mundo y para acceder a la paz mundial.
En representación del embajador Pablo Macedo Riba, director general para el Sistema de las Naciones Unidas de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), asistió el consejero de la SRE, Julián Juárez Cadenas, quien recalcó el relevante papel internacional que ha desempeñado México, desde 1967 con la firma del Tratado de Tlatelolco, para controlar y eliminar las armas nucleares.
El funcionario destacó que la primera zona libre de armas nucleares fue la que constituyeron México y 32 países de la región de América Latina. Con este ejemplo el país promueve en las instancias internacionales el aumento del número de zonas libres de explosivos de alto poder y apoya la prohibición de ensayos nucleares, estipulada en el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.
Juárez Cadenas subrayó que en México existen cinco estaciones de monitoreo que permiten distinguir entre explosiones nucleares y movimientos sísmicos. En 90 países más hay 337 instalaciones de este tipo, que además de formar parte del sistema de estaciones sísmicas de cada nación están dotadas de tecnología que puede detectar los gases emanados por una explosión nuclear.
Además, ante el riesgo potencial de que armas atómicas puedan ser usadas en diferentes conflictos, instó a fortalecer la negociación diplomática apoyada en organismos regionales por la paz, para resolver los diferendos existentes y evitar la solución armada.
En relación con los accidentes en plantas nucleares, informó que las inspecciones son cada vez más estrictas en cuanto a medidas de seguridad y vigilancia orientada a cerciorarse que la energía nuclear del reactor no sea utilizada para otro fin.
En México, tanto la Central Nuclear Laguna Verde como el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares mantienen estándares de seguridad óptimos, aseveró.

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