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lunes, 5 de julio de 2010

ACADÉMICOS A FAVOR DE UNA LEY DE POSESIÓN Y MANEJO RESPONSABLE DE MASCOTAS

Ante la preocupación de personas que han resultado agredidas por canes, en la Ciudad de México se intentó establecer, recientemente, una iniciativa de Ley para la Tenencia de Perros Potencialmente Peligrosos.
No obstante, los académicos de la Universidad nos opusimos porque hay una serie de factores importantes a considerar, no solamente genéticos, sino ambientales, de aprendizaje y de manejo conductual, sostuvo Moisés Heiblum Frid, investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM.
En forma científica, explicó, no existen parámetros que demuestren que la bravura de un perro esté directamente relacionada con determinada raza, o que su agresividad sea natural; son los humanos, el ambiente y el aprendizaje, entre otros elementos, los responsables de su conducta.
De hecho, la agresividad no es necesariamente una patología, sino un recurso que el can utiliza para conseguir o evitar determinadas cosas; existen diferentes categorías, que se pueden clasificar de acuerdo a la motivación y a las estructuras nerviosas que la controlan, añadió.
“El responsable de los ataques de un perro comúnmente es su dueño, porque no le brindó el cuidado necesario. Ninguna raza es necesariamente `brava´ por naturaleza; el componente genético sin duda puede existir, pero no es el único ni el más determinante”, puntualizó el científico y profesor del Departamento de Etología y Fauna Silvestre de la FMVZ.
Ante la situación, los académicos plantearon una ley de propiedad, posesión y manejo responsable, porque “realmente no hay ningún parámetro científico que pueda sustentar que determinadas razas son más amenazantes que otras”.
En este contexto, dijo, el Distrito Federal podría ser la primera urbe en contar con un estatuto sobre el manejo de canes, para evitar ataques a personas a través de la prevención.
Esta ley sería de observancia general en la Ciudad de México, y sus disposiciones de orden público e interés social; su objetivo sería regular la posesión y manejo de perros para proteger la integridad de los individuos, la salud pública y el bienestar de los canes, abundó.
En ella se especifica cómo y dónde deben mantenerlos, su identificación mediante un chip y una placa que debe portar en un collar con los datos del propietario. Se pretende que los dueños, adiestradores, sociedades protectoras, criadores, y todos aquellos que tengan que ver con la compra, venta y adopción, acudan a la secretaría de Seguridad Pública capitalina para crear un registro a nivel Distrito Federal.
El proyecto de tenencia y tutela responsable, realizado con expertos en la materia y diputados de la Asamblea Legislativa, busca poner en la mesa de discusión la importancia del manejo de los cánidos, fomentar una tenencia responsable y, de esta forma, prevenir ataques.
“La FMVZ brinda, desde hace nueve años, el servicio de etología clínica, que orienta a los propietarios para prevenir problemas de conducta, y si ya se han manifestado, diagnosticarlos y tratarlos con ayuda de especialistas; el objetivo es incidir en la creación de relaciones mutuamente placenteras. Somos una instancia que fomenta y trabaja por una mayor cultura sobre la posesión responsable”, subrayó.
La agresividad, el problema más diagnosticado
Muchos de los trastornos conductuales que padecen las personas pueden sufrirlos también los animales, porque la función fisiológica de su cerebro es similar a la del humano. Por lo tanto, cuando hay deficiencias en neurotransmisión química o disturbios anatómicos pueden manifestarse perturbaciones de tipo conductual iguales a las del hombre, como ansiedad, depresión o impulsividad, explicó el etólogo.
El trastorno de conducta más diagnosticado en perros, y que representa un problema de salud pública, es precisamente la agresividad, que muchas veces tiene su origen en alteraciones de ansiedad y miedo a diferentes tipos de estímulos, reiteró.
Se han detectado severas perturbaciones en etapas de desarrollo, como déficit en la socialización temprana, que puede derivar en problemas conductuales en la adultez, debido a un aislamiento parcial o total de estímulos en el período sensible de desarrollo, o dificultades en el período geriátrico, asociadas a pérdidas sensoriales, orgánicas y desequilibrios en neurotransmisión química.
Sin embargo, concluyó, las causas principales de la conducta agresiva son la irritación, dolor, enfermedad, incomodidad y desequilibrios en la estructura social, entre otros factores.

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