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jueves, 17 de junio de 2010

NO SE ELIMINA POR COMPLETO LA AGRESIVIDAD EN PERROS

La agresión en los perros no puede eliminarse por completo, pues su aparición depende de muchas variables; cuando reciben tratamiento, sólo se controla y se busca que no vuelva a aparecer con consecuencias graves, afirmó Alberto Tejeda Perea, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM.
Si bien es cierto que es una conducta normal en los canes, deja de serlo si no hay algún factor en el ambiente, o a nivel fisiológico, que la dispare; “es decir, cuando sin más, lanzan una mordedura a otro animal o a un humano”, indicó.
No es lo mismo dar un colmillazo que desgarrar la piel, y en ese sentido, existen varios tipos de agresión, como la de competencia social, que implica un conflicto jerárquico; la de origen orgánico, y las relacionadas con respuestas emocionales como la ansiedad, explicó el también coordinador del Área Clínica del Hospital de Especialidades en Fauna Silvestre y Etología Clínica de la FMVZ.
En la mayoría de los casos en consulta se detecta la causa de esa conducta, y si se hace de manera oportuna, el problema prácticamente se puede eliminar; pero si el cánido “ya ni siquiera avisa cuándo va a morder”, es más difícil de controlar, reconoció.
Los perros y la agresión
En estos mamíferos, como en casi todas las especies sociales, la agresividad es un comportamiento básicamente normal, porque forma parte del repertorio que heredan como parientes de los lobos; de hecho, es una de las maneras de obtener espacio, liderazgo y alimento, apuntó Tejeda Perea.
Sin embargo, prosiguió, tanto en lobos, como al convertirse en animales domésticos, esta conducta por lo regular queda como un aspecto de tipo ritualista; entonces, antes de agredir presentan señales como mostrar los colmillos, se les eriza el pelo, tienen las orejas levantadas, o agachadas si se muestran agresivos por temor, y en este caso, también esconden la cola entre las patas.
En este punto es posible frenar un ataque, pero cuando ocurre una lesión abierta, con sangre o desgarre, se refiere un comportamiento anormal.
Existen razas que genéticamente son más poderosas y seguras de sí mismas, como el pastor alemán o rottweiler; pero no son necesariamente canes más violentos, sino con más capacidades para actividades de guardia y protección. En general, se trata de animales equilibrados que no atracarán por cualquier circunstancia, aclaró.
Hoy, se sabe que no es tanto la raza o el sexo, sino el manejo del dueño lo que determina su agresión, aclaró el especialista en etología clínica.
Aunque parezca increíble, aprenden muchas normas sociales; si son aislados, maltratados, sujetos a castigos a destiempo o mal entrenados, tienen mayores posibilidades de ser irritables, puntualizó.


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